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Historia, ¿para quién? desde la radio pública en México

Este artículo es parte de la serie: History Beyond Academia

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Historia ¿para quién? es el resultado de una conversación sostenida durante varios años entre historiadoras jóvenes y una comunicadora interesadas en llevar la reflexión histórica al día a día. Desde el inicio, el planteamiento principal fue cómo traducir temas complejos —tanto históricos como coyunturales— en contenidos claros, cercanos y comprensibles para audiencias muy diversas dentro de los medios públicos en México. 

Después de la pandemia de coronavirus, se abrieron oportunidades para llevar al plano terrenal las ideas surgidas de las conversaciones. Gracias a la generosidad y complicidad de muchas compañeras, pudimos experimentar con distintos formatos y en diversos medios públicos, a los que nos abrió la puerta el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). 

En ese sentido consideramos a Historia ¿para quién?, un fruto del trabajo colaborativo entre mujeres dedicadas a las ciencias sociales y la comunicación, entre las que podemos enunciar a María Minero, Fernanda Nares, Guadalupe Muro, Ana Salinas y Jehiely Hernández, de quienes hemos aprendido y con quienes hemos tenido el privilegio de trabajar. 

También es un proyecto emanado de la administración pública federal, pues depende del financiamiento de la Secretaría de Cultura a  través del INEHRM, así como de la producción, soporte y emisión de Radio Educación. Esto significa que atiende al derecho al acceso a la cultura y por ello los contenidos requieren la validación del instituto, lo cual, vale decir, no ha supuesto una limitante para la expresión de ideas ni la selección de temas; por el contrario, el respaldo institucional nos ha permitido conectar con múltiples especialistas, conversar con personas encargadas de acervos poco conocidos y dar visibilidad a proyectos independientes que están haciendo mucho por la preservación y difusión de la memoria histórica.  

Edificio del INEHRM.

Sede del INEHRM. Fuente: Wikimedia Commons

Las encargadas de materializar este proyecto fuimos las autoras de este texto: Natalia Luna y Tamara Aranda. El Dr. Felipe Ávila, director del INEHRM, y la Mtra. Jimena Salgado, directora de vinculación del instituto, pusieron su confianza en nosotras para esta enorme y muy importante tarea. Y fue así como, aferradas al planteamiento inicial, decidimos que el programa se llamara Historia, ¿para quién?, pues en este nombre se resume lo que más nos interesa a ambas: colocar a las audiencias, sus intereses y derechos, al centro de la conversación. Esto era sobre democratizar el conocimiento histórico hasta sus últimas consecuencias. 

Luego vino la planeación del formato, y para atender a nuestros objetivos, decidimos suscribirnos a la entrevista especializada, aunque con un tono cálido y afable, e incluir un segmento de contexto histórico y otro de sondeo, dándole la voz a las audiencias para que se expresen sobre cada tema. También añadimos una canción inspirada en la conversación y una ronda de preguntas relámpago, para dar dinamismo a la entrevista y forzar a las y los especialistas a “ir al punto”. 

Conducimos Tamara Aranda, historiadora e investigadora del INEHRM, y Natalia Luna, comunicadora con más de una década de trabajo en medios públicos. En este proyecto encontramos varios puntos en común, que iban de intereses personales —que también son políticos— a la necesidad de explicarlos y debatirlos a partir de miradas históricas, y gracias a la colaboración y coproducción entre el INEHRM y Radio Educación —una emisora centenaria en el cuadrante radiofónico— se abrió un espacio de 55 minutos para desarrollarnos.

Nos preguntamos cuáles eran las propuestas actuales para comunicar historia y por qué existían tan pocos espacios dedicados a la divulgación histórica con un lenguaje más coloquial, con perspectiva de género, incluyente y dispuesto a salir de los márgenes de la “Historia con H mayúscula”, para dejar entrar a la cultura popular en las narrativas sobre el pasado.

También nos interesamos en invitar a las, los y les especialistas jóvenes (y no tan jóvenes) cuyos proyectos, investigaciones y saberes trascienden los muros de la academia. Creemos que los medios y, en particular, la radio pública tienen la obligación de abrir espacios para difundir conocimiento y ofrecer herramientas a audiencias con derechos muy concretos: entender, cuestionar y discernir mejor la realidad que nos rodea. Al final, todas, todos y todes somos audiencias.

El trabajo cotidiano de Historia, ¿para quién? se sostiene en la curiosidad, el asombro y la disposición. Muchas veces reaccionamos a nuestra propia vida: a las personas que conocemos, los temas que descubrimos, los coloquios y conferencias a los que asistimos. De ahí surgen las ideas que después se convierten en programas.

Banner promocional

Banner promocional.

Contamos con un listado de temas por abordar y con una serie de recursos sonoros para “vestir” el espacio: cápsulas, sondeos en calle para escuchar lo que la gente sabe u opina, canciones que dialogan con el momento histórico y los mensajes de las audiencias, indispensables para generar eco y retroalimentación. Aquí es fundamental agradecer a Juan Ramírez, responsable del diseño sonoro y del reporteo que nutre el programa.

Cualquier integrante puede proponer un tema; revisamos las posibilidades de invitadas e invitados especialistas y, a partir de ello, vamos arropando el trabajo. Tamara asesora históricamente cada emisión y realiza la investigación que luego se convierte en una cápsula. Natalia traduce ese trabajo en un guión pensado para las audiencias, con preguntas detonadoras y recursos propios del lenguaje radiofónico. Ambas grabamos las voces de cápsulas y conducimos el programa.

El equipo se completa con la asistencia de producción de Alma Lilia Martínez y la producción general de Mario Ledesma, quienes supervisan el producto final y coordinan tiempos, estudios de grabación y articulación con redes sociales de la emisora.

Para la difusión de cada programa partimos de una regla básica: no podemos dar nada por sentado. El conocimiento académico —y, en nuestro caso, histórico— no es un punto de partida común para todas las personas. Siempre habrá alguien que no comparte los mismos referentes, y justo en el esfuerzo de desmenuzar los temas hasta su aparente simpleza, radica la complejidad de comunicar a públicos muy diversos. La radio, el archivo sonoro y las plataformas digitales donde se aloja el programa son las herramientas con las que intentamos acompañar ese proceso.

Nuestro público inicial son las audiencias de Radio Educación en el 96.5 FM. Sin contar con métricas precisas, pero sí con la experiencia de haber colaborado ahí durante quince años, sabemos que buena parte de quienes nos escuchan han crecido junto con la emisora. Es un público mayoritariamente de edad avanzada que participa de manera crítica a través de llamadas y mensajes: felicitan, cuestionan, nos dicen cómo resuenan los temas y qué otros quisieran escuchar.

Al mismo tiempo, tenemos la misión de llegar a audiencias más jóvenes a través del repositorio del programa en Spotify, donde Historia, ¿para quién? puede escucharse a demanda y circular por otros circuitos, especialmente entre estudiantes y personas vinculadas a la investigación histórica y las humanidades.

Otra de nuestras audiencias base es el público del INEHRM, que abarca un margen de edad, género y ubicación geográfica muy amplios. Al ser un Instituto Nacional con más de 70 años de trayectoria cuenta con alianzas con instituciones de todo el país, lo cual permite descentralizar la historia y sacarla de la Ciudad de México y la zona metropolitana. Esto también es un factor para ampliar el abanico temático y abordar historias que resuenan con cada rincón de México, conectando con las y los especialistas locales, y atender a las audiencias que nos llaman o escriben desde el interior de la República e incluso desde otros países. 

Tras más de medio año al aire, creemos que nuestro trabajo ha influido en replantear algunas de las nociones tradicionales en las que se mira la historia, comenzando con desmontar la idea de que esta es solo pasado, y en cuanto tal, lejana y sagrada. En Historia, ¿para quién? nos hemos ocupado en reflexionar de manera crítica sobre acontecimientos que parecen muy lejanos en el tiempo, pero cuyos efectos podemos observar en la actualidad. El colonialismo o la Independencia de México son ejemplos de temas que hemos podido revisar de la mano de expertas y expertos que han compartido con nosotras y las audiencias sus saberes de manera clara. 

También hemos acordado temas dolorosos para nuestra historia nacional y la historia mundial, desde la guerra sucia y el exilio español hasta los genocidios bosnio y palestino. Con estos programas hemos tocado sensibilidades que interpelan a la humanidad de quién escucha, dando a la Historia con H mayúscula un carácter humano que la hace cercana y posible de cuestionar. 

Analizamos problemáticas del contexto actual con mirada histórica, para repensar nuestro presente e invitar a la comunidad de escuchas a imaginar soluciones. Si las feministas del pasado pudieron dejar sus diferencias a un lado para luchar juntas por los derechos de ciudadanía, las mujeres en lucha del presente también pueden  generar medidas más efectivas de acceso a la justicia; o bien, algo debemos hacer de manera urgente, como ciudadanía, si las carpetas de investigación de personas desaparecidas en los años 70, se apilan en las fiscalías junto a las del siglo XXI. Desconocer la historia no solo implica un riesgo de repetición, sino de no reparación y lo que es peor, a la suma de agravios. En este sentido, ignorar la historia nos condena a la impunidad y a perpetuar el sufrimiento.  

Al cabo de 30 programas podemos afirmar con satisfacción que nuestros objetivos se han cumplido, tanto a nivel comunicativo como de proyección institucional, pues el proyecto se convirtió en una plataforma para compañeras y compañeros dentro y fuera de la academia, así como del propio instituto, cuyos temas de especialidad enriquecen la comprensión de nuestro presente y no sólo merecen ser escuchados, sino reconocidos. 

Para quienes suscribimos este texto, los mayores desafíos que enfrentamos al realizar el proyecto tuvieron que ver con la adecuación del lenguaje y las estrategias comunicativas al gran público. Esto siempre es difícil para quienes provenimos de espacios académicos, porque la costumbre de escribir y hablar para los pares, pesa como la historia misma. Afortunadamente logramos distanciarnos de la tradición y pensar fuera de la cabina y el cubículo, y creemos que eso se debe a la experiencia y sensibilidad de Natalia, tanto en medios públicos como en proyectos culturales y de divulgación histórica, así como a la falta de costumbre de Tamara en ejercicios académicos, después de haber transitado por universos tan diversos como la administración pública y el activismo de derechos humanos. 

Mercado con puestos de fruta y carne

Mercado en México. Fuente: Wikimedia Commons

Haber conformado un equipo de trabajo integrado por una investigadora histórica y una comunicadora nos obliga a sostener un diálogo fuera de los marcos estrictamente académicos. Ese cruce de saberes nos ha permitido replantear preguntas y modos de abordar el conocimiento, manteniendo siempre en el centro la utilidad social de la historia. Con frecuencia partimos de la coyuntura y del presente como detonadores para construir un entendimiento histórico de nuestra realidad.

Aunque también creemos que los buenos resultados que ha tenido el programa se deben al gran equipo que está detrás, especialmente al INEHRM y a Radio Educación, donde la maestría de Juan Ramírez ha llevado al aire programas mucho más bellos de lo que imaginábamos. Juan, el mago que siempre nos hace escuchar más inteligentes y que, con sus entrevistas, se convierte en el puente entre nuestras ideas y lo que realmente interesa en las calles. 

Junto con nuestras audiencias, exploramos que cada elemento de nuestras vidas contiene la posibilidad de ser historizado y, en ese sentido, adquiere relevancia en el tránsito de lo individual a lo colectivo. Para el proyecto ha sido fundamental posicionarnos desde ahí: en la calle y en sus múltiples voces, en lo cotidiano como un espacio donde la historia se teje a diario y, por ello mismo, merece ser contada.

En este sentido, Historia ¿para quién? busca dejar de obviar temas, personajes y acontecimientos; abrir espacio para la duda; y dialogar en horizontal para apropiarnos críticamente de aquello que siempre fue nuestro.

En ese proceso, la historia deja de ser únicamente un saber sobre el pasado y se convierte en una práctica pública: una herramienta para nombrar experiencias, reconocer desigualdades, disputar sentidos comunes y ampliar el repertorio de lo imaginable. Cuando la conversación histórica circula fuera de los recintos especializados —sin renunciar al rigor, pero asumiendo un compromiso con la inteligibilidad y la escucha—, la vida pública se fortalece: se vuelve más capaz de deliberar, de recordar y de exigir.

En última instancia, el valor público de este trabajo aparece en escenas pequeñas: una pregunta que se queda resonando al apagar la radio, una anécdota familiar que de pronto se conecta con un proceso colectivo, una calle que deja de ser simple trayecto para volverse archivo vivo. Ahí, en ese instante en que el presente se vuelve legible a la luz de otras épocas —y el pasado se revela como algo que todavía nos mira—, la historia recupera su potencia: no como monumento, sino como conversación.

Finalmente, nos resta decir que si celebramos este amado proyecto como un éxito, es por los mensajes que nos dejan las audiencias. A través de nuestros medios de contacto, sabemos que nuestra narrativa ha impactado sobre la forma en que las, los y les radioescuchas comprenden y se relacionan con la historia. Por eso cerramos este texto con el último mensaje que nos dejaron en el WhatsApp de Radio Educación:

… Creo que el gran aprendizaje que me llevo hoy, del programa de este 22 de diciembre de 2025, es que somos una narración los seres humanos… y ya que el programa se llama Historia, ¿para quién? creo que sería importante preguntarnos quiénes estamos construyendo la [narración de la] historia, y me incluyo, no porque sea historiador, sino porque soy un ciudadano que quiere participar en la construcción de este país, que de verdad espero pronto sea un nuevo país. En fin, creo que hoy nos corresponde a todos construir la narración de nuestra historia. 


Tamara Aranda estudió Historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (Facultad de Estudios Superiores Acatlán). Actualmente es investigadora en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y co-conductora de Historia, ¿para quién? en Radio Educación.

Natalia Luna es comunicadora y conductora de radio con más de una década de experiencia en medios públicos. Es co-conductora de Historia, ¿para quién? en Radio Educación, donde trabaja en la traducción de la investigación histórica en contenidos accesibles para públicos diversos.


The views and opinions expressed in this article or video are those of the individual author(s) or presenter(s) and do not necessarily reflect the policy or views of the editors at Not Even Past, the UT Department of History, the University of Texas at Austin, or the UT System Board of Regents. Not Even Past is an online public history magazine rather than a peer-reviewed academic journal. While we make efforts to ensure that factual information in articles was obtained from reliable sources, Not Even Past is not responsible for any errors or omissions.

The Blackwell School in Marfa, Texas

By Samuel Ginsburg

Marfa, a West Texas town of less than 2,000 permanent residents, attracts a lot of visitors. Known as the backdrop to 1959 James Dean film Giant, the town’s main attractions include two main streets lined with galleries, the mysterious Marfa lights that only seem to come out when nobody is looking, and the Chinati Foundation, an epic former military base-turned-art museum. While the scene is now speckled with luxury airstreams and Instagram models dressed in pristine cowboy gear, the bohemian vibe brought over in the 1970s by artists trying to escape New York still resonates, and the sprawling desert backdrop adds to the effect that makes “Marfa” (the idea) feel bigger than Marfa (the place).

Just a few blocks from the main drag is the Blackwell School, a plain, white building that might have gone unnoticed if it weren’t for its Texas Historic Landmark sign. The museum inside the old schoolhouse tells the story of de facto segregation in Marfa since 1889, as special schools were set up for Mexican-descendent children until integration was achieved in 1965. Old desks and books line the open rooms, along with photos and articles about the scholarly and extracurricular activities of the students. More than a look at the evils of segregation and inequality, the museum highlights the special moments in the lives of the people that passed through the school. Photographs show smiling children decorating pumpkins, playing basketball, and proudly posing in marching band uniforms. While meandering through the exhibits, one gets the feeling that great things happened in this place, despite problematic history that led to the school’s founding.

Photograph of the main street of Marfa, Texas
Marfa, Texas (via Wikipedia)

As not to cover up the issues surrounding the school, there are parts of the museum that show the instances of institutional discrimination, such as the board of former teachers that features very few Spanish last names. The museum’s most striking exhibit is titled “Burying Mr. Spanish” and tells the story of a mock funeral that was held in 1954 to officially kill off the use of Spanish at the school. As English was the only language allowed on campus, 7th-grade teacher Evelyn Davis organized an event in which students wrote Spanish words on small pieces of paper, put them in a coffin, and then buried them next to the school’s flagpole. The museum has photos of the event, along with the coffin and a wooden cross that says “Spanish” and “R.I.P.” In “The Last Rights of Spanish Speaking,” Davis calls hearing the language her greatest “pet peeve,” and recounted the ceremony that had been going well (for her) until the very end: “Everything was perfect up to this moment until two pall bearers, who had not rehearsed, were to lower the casket with dignity. They started pulling against each other in disagreement, which was followed by anger, and then a volley Spanish curse words # % @ * $ * ? The solemnity turned to titters, then giggles followed by hilarious laughter as the bearers threw dirt at each other. What a GREAT FIASCO!” As heartbreaking as it is to read about a school-sanctioned ceremony aimed at cutting off the students’ cultural heritage, it’s hard not to laugh at the ensuing bout of rebellious chaos. As a moment of both forced assimilation and student resistance, this scene recognizes the complicated nature of this space and the need to preserve its stories.

The earlier known photograph of the Blackwell School in Marfa, Texas
The Earliest Known Photo of the Blackwell School (via Marfa Public Radio)

The Blackwell School Alliance was founded in 2007 by former students as the abandoned building was being threatened with demolition. Since then, efforts have been made to seek state and federal protection of the site. The alliance has also looked for ways to reincorporate the school’s history back into the public memory of Marfa. These efforts included the Blackwell Block Party and the commission of a mural by artist Jesus “Cimi” Alvarado. The mural features a poem by Luis Valdez about Chicano pride, an image of current Marfa students building rockets, and the West Texas desert in the background. Most importantly, the mural positions the Blackwell School in the very center, right between Marfa’s iconic water tower and Presidio Country Courthouse. The goal is to reshape how Marfa is seen by both tourists and residents, to create a space for this history within the conceptual landscape of artists and cowboys. For those people fighting to keep the museum open and running, this is a part of Marfa that more people should be visiting.

For more information on the museum and for ways to support the Blackwell School Alliance, visit //www.theblackwellschool.org/.


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